Evangelio  (Mt 10, 37-42)

El que no carga con la cruz no es digno de mí.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
–«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Comentario

Este domingo el Señor nos plantea la cuestión de en quién ponemos nuestra confianza y a quién tememos en la vida. Es una invitación para poner totalmente nuestra vida en sus manos y responder a su amor.

—«Nada hay encubierto que no llegue a descubrirse». Tengo el peligro de dejar pasar la vida engañándome, creyendo que pongo mi confianza en Dios, y en verdad, la pongo en lo creado. Lo que llevo escondido en el corazón, que me aparta de Dios no está oculto para Él. ¿Quiero, desde ahora, vivir en la verdad? ¿Quiero confiar absolutamente en Cristo? ¿Me abandono en Él?

—«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma». Este es el ejemplo de los mártires que no han sucumbido a las tentaciones. Yo puedo hacer lo mismo ¿Considero mi vida como una lucha constante entre la victoria del cuerpo (mis gustos, mi seguridad, mi fama…) y la victoria del alma (mi salvación)? ¿Tengo miedo al “mundo” que me puede apartar de Dios?

—«Pues vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza tenéis contados». Dios me conoce perfectamente y sabe cuáles son mis debilidades y tentaciones. Y siempre me da la gracia para ser fiel y me cuida (Valgo más que los gorriones) ¿Esto me anima a abandonarme en el Señor y poner mi vida en sus manos?

—«Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos». El señor me anima a no avergonzarme nunca de Él. Y mi vida es la oportunidad para dar la cara por él, por mi testimonio y por la radicalidad en la respuesta. ¿Me avergüenzo alguna vez de Cristo? ¿Vivo con radicalidad mi testimonio de Cristo? ¿Escojo siempre a Cristo? —El Señor sabe que por nuestras propias fuerzas no podemos responder a su amor con radicalidad, con la actitud del mártir. Él sólo espera que yo me reconozca débil, suplique su ayuda y haga constantes pequeños actos de amor. ¿Le suplico al Señor en la oración esta transformación? ¿Le amo verdaderamente?

Oración: Carlos de Foucould

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras; sea lo que sea te doy gracias. Estoy dispuesto a todo, con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma: te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito amar, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque tú eres mi Padre.

Peticiones

Por la Parroquia: Por nuestros sacerdotes.

Por la Iglesia: Por los jóvenes que se preparan para el matrimonio

Por el Mundo: Por los que han perdido el sentido de la vida y son adeptos a alguna droga.

Oración final

Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor